El vivac de don Diego de Almagro se situó en territorio alrededor del valle de Aconcagua, desde ahí envió a Gómez de Alvarado a explorar la tierra al sur, mientras él quedaba a la espera, avistando los navíos que deberían traer los refuerzos y bastimentos del Perú, conducidos por mar, los que finalmente desembarcarían en el caletón de Chigualoco.
Malas noticias, las penalidades del viaje, la fiereza de los aborígenes, poco oro...entre otros factores lo determinaron a abandonar su empresa de Chile, dió orden a de Alvarado de regresar, aún cuando éste yá volvía grupas tras el encarnizado combate de Reinohuelén.
Fin de la campaña de don Diego, se llevó de vuelta al Perú, "camas y petacas". El vino, se lo tomaron y los sarmientos, las estacas, las patillas, los clones, dirán los más h...amigos. ¿Los plantaron, un curita los plantó? No hay registro, ni mensión.
Antes de un lustro, viene don Pedro, salió del Cuzco con alrededor de veinte soldados y centenares de aborígenes porteadores de un "cuantohay", claro, vino y vides. Los demás soldados se sumaron por el camino, nueve en Arica, Rodrigo de Araya con 16 en la Quebrada de Tarapacá, luego Francisco de Villagra con treinta, Juan Bohón, Francisco de Aguirre en San Pedro de Atacama con unos 25, hasta alcanzar un número de 154 "españoles" y unos 800 yanaconas. Que traían estos soldados cuando se incorporaron a la expedición. El equipo del perro y deudas impagas.
El vino y las vides, las trajo el mismísimo Valdivia, y los curitas; el bachiller Rodrigo González Marmolejo, el prebítero Juan Lobos y Diego Perez, los clérigos Rodrigo Gómez y Pozo.
Despues vendrían el clérigo Gonzalo Ibañez, el presbítero Diego de Medina, Fr. Antonio Correa, toditos identificados, ninguno sembrando graciosamente vides en territorio aborigen aún sin conquistar.
martes, 1 de abril de 2008
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