domingo, 4 de mayo de 2008

El vino y vides de la conquista

Tenemos claro que cerca del 80% de los soldados que llegaron con Valdivia a establecerse a orillas del Mapocho, se incorporaron a la expedición colonizadora en diversos puntos del derrotero, provenían de otras campañas cuyo denominador común era el fracaso, las carencias y la desmedida ambición de riqueza, para algunos por cualquier medio, incluído el asesinato de sus pares y el despojo de los aborígenes.
Las vituallas, bastimentos, herramientas, semillas, plantas, aves, animales y todo aquello necesario para establecer y poblar el territorio a conquistar, lo adquirió don Pedro, en Cuzco y lo cargan sus 800 yanaconas, no existe constancia ni testimonio de la presencia de sarmientos de vides en dicha carga, si hubo un inventario, aún no se ha encontrado. Podemos asegurar que si había vino, el bachiller Rodrigo González, superior eclesiástico, suspendió las misas en 1543 por la falta de vino. Desde la salida del Cuzco hasta 1544, los restos de la precaria colonia mapochina no habían recibido ningún aporte del Perú.
En medio y ántes de cumplir un año de existencia fue atacada y destruida gran parte de la población, de modo que por largos dos años, se vieron reducidos y confinados en cuatro manzanas, amurallados por una tapia de adobes y sin alimentos.
Una guerra de campo arrasado,todo lo dramático que esta realidad significa, está suficientemente documentado. De las vides ni una palabra.
Sin embargo se bebía, los refuerzos llegaron con Diego García Villalón y en el 48 P. de Valdivia es juzgado por el Licenciado La Gasca, en Perú. Uno de los cargos del libelo acusador, es: "Brindar a la Flamenca".
Lo más fiable en crónica colonial, es Gerónimo de Bibar y él señala en 1558 que,"Hay viñas y en ninguna parte de Indias se ha dado tan buena uva como en esta tierra. Hácese muy buen vino. El primer hombre que lo hizo en esta tierra fue un vecino que se dice Rodrigo de Araya, y así mesmo fue el primero que trujo trigo a esta tierra. Hácese ya tanto vino que basta para esta gobernación, y que pueden proveer a otras partes".
Tres años ántes una botija de vino se valorizaba en Santiago a 9 pesos, según la rendición de cuentas del piloto Antón de Niza a cargo del galeón que transportaba mercaderías de Pedro de Malta, fallecido durante el viaje.
De Bibar ya anticipaba el potencial exportador de los incipientes viñedos coloniales y quizás una exportación sui géneris la que emprendió el corsario Francis Drake, quién cargó las bodegas del Golden Hinds, en Valparaíso con harina, carnes, y vinos que estaban almacenados en el puerto, para ser embarcados al Perú. Un saqueo a nombre de su majestad británica, algo de época.