
EL ORIGEN DEL VINO EN CHILE
A nuestro actual territorio, el vino llegó por primera vez en las naves de D. Hernando de Magallanes el año 1520. Luego de cruzar el Estrecho que hoy lleva su nombre, el capellán de la escuadra celebró un solemne Te Deum en acción de gracias por haber encontrado la comunicación de ambos océanos y haber salvado con vida. En el momento de la eucaristía y según el precepto cristiano dijo, esta es mi sangre este es mi cáliz, bebed todos de él, haced esto en conmemoración mía.
En todas las expediciones de la conquista hispánica había un séquito de sacerdotes y religiosos dispuestos para evangelizar a los aborígenes. Estos traían consigo el vino necesario para la celebración de su ritual más importante. Además, los conquistadores hacía muchos siglos que habían adquirido el hábito de beber vino y en su corta estadía en nuestra costa, los tripulantes de Magallanes harían las primeras libaciones.
El viaje del Adelantado Diego de Almagro, 16 años más tarde, fue a la postre, solo una incursión militar. No realizó ningún intento de establecer una colonia y poblar este territorio, ambas condiciones indispensables para que la vid prospere. Sabemos que la forma más rápida de reproducción de esta es mediante estacas o sarmientos, tardando aproximadamente tres años en proveer frutos. De todos modos Almagro debió traer unas cuantas arrobas de vino desde el Perú y si también trajo algunos sarmientos y los plantó graciosamente en el terreno abandonado, el sacerdote Cristóbal de Molina, relator del viaje del Adelantado, no lo menciona.
Don Pedro de Valdivia al emprender su viaje a Chile tiene el propósito claro y preciso de poblar el territorio y trae consigo los pertrechos necesarios como; herramientas, semillas, plantas, animales, aves y otros, probablemente, sarmientos de vides entre ellos. Si ocurrió tal cosa, debieron correr la misma suerte que la ciudad, luego del devastador ataque de los aborígenes de la comarca en septiembre de 1541, de tal modo que se vieron en la obligación de vivir sitiados en el estrecho perímetro de unas cuatro manzanas, casi sin alimentos y se terminó el vino, al punto que por la falta de este, el bachiller González suspendió las misas, las que solo pudieron restablecerse en 1544 cuando Diego García trajo desde el Perú los primeros refuerzos con que contó la incipiente y abandonada colonia, cuatro años después de ser fundada la ciudad de Santiago, si D. Diego García trajo nuevos sarmientos, estos produjeron sus primeros frutos allá por el año 1548.
La documentación de los primeros años de la conquista y colonización de Chile está formada por las cartas de relación de D. Pedro de Valdivia, las actas del Cabildo de Santiago y las relaciones de los llamados cronistas coloniales. De estos últimos el más antiguo y veraz es D. Jerónimo de Bibar (1558), compañero de Valdivia. Del estudio de estos escritos no nos es posible conocer a ciencia cierta quién fue él o los hombres que introdujeron la vid en Chile, ni la fecha en que se produjo el primer vino en esta tierra. Queda descartada la existencia de vides silvestres y las bebidas alcohólicas que preparaban los aborígenes provenían de otras diversas frutas.
Lo que Bibar sostiene expresamente en el capítulo que trata de las plantas y árboles y verduras y ganado que hay en esta provincia de Chile, es que:"Hay viñas y en ninguna parte de India se ha dado tan buena uva como en esta tierra; hácese muy buen vino. El primer hombre que lo hizo en esta tierra fue un vecino que se dice Rodrigo de Araya, y así mésmo fue el primero que trujo trigo a esta tierra. Hácese ya tanto vino que basta para esta gobernación, y que pueden proveer a otras partes". Más que claro, a Don Rodrigo por espúrea mezquindad se le ha escamoteado el honor de ser el primer vinicultor y a D. Jerónimo el de visionar sobre el potencial enorme de nuestra tierra y clima para producir vinos de calidad para nuestro consumo y de paso exportar a otras partes.
Ahora las vides que llegaron a Chile provenían del Perú, indudablemente, la más conocida es la Negra Peruana que acá se le llamó País, en Norteamérica se denominó Misión y en Argentina, la Criolla chica. Se cree que es originaria de España, sin embargo en Italia las uvas llamadas, Mónica son muy parecidas a la País. Tan oscuro su nombre propio como el de sus probables introductores, especialmente el de Francisco de Carabantes, encomendero y viticultor en el oasis de Ica, a unos 300 kilómetros al sur de Lima. Quizás, los clones traídos a Chile provinieron de sus viñedos, pero afirmar que él fue quien plantó en Concepción en 1548 según innombradas crónicas coloniales, es poco serio, parte de la extensa mitomanía vínica.
A todo esto ya habrá pasado mucho vino bajo el puente ....
Antonio Saldías G.
